La candidatura de Ubeimar - Ubeimar Delgado

La candidatura de Ubeimar

Por Mario Cuervo Castañeda

En este, como en todo proyecto político, siempre existe una probabilidad –alta o baja- de éxito final.  Pero, cualquiera sea el resultado de esta aventura en la que se ha comprometido Ubeimar Delgado, existe de entrada una faceta muy especial de incuestionable importancia, y digna por lo mismo de ser tenida en cuenta.

Se diría que lo normal en nuestro medio político-gubernamental es que los aspirantes a las posiciones de más alto nivel sean los herederos -cercanos o no- de quienes ya han detentado el poder. Una mirada por los apellidos que conforman la nómina de nuestros dirigentes gubernamentales a través de toda la historia, vale decir del ”roscograma ” histórico nacional, muestra con ineludible desfachatez cómo una serie de apellidos se han apoderado del poder, dando como resultado que todo un sistema llamado democrático, vale decir sustentado en el voto popular, ha quedado reducido a una especie de monarquía hereditaria fuera de la cual no hay salvación.

Y esto es lo que hace de la aspiración de Ubeimar un hecho realmente destacable. El apellido Delgado, y mucho más el Blandón, no aparecen por parte alguna dentro de eso listados de quienes bien o mal nos han dirigido en lo que llevamos de historia republicana.

Por un accidente histórico inesperado el asesinato de Galán en vísperas de obtener -el poder- uno de sus hijos, ahogado en el más justificado dolor y sin espacio alguno para a reflexión, soltó semejante orden en pleno cementerio bogotano: ”Doctor César Gaviria, tome usted la bandera de mi padre”. y Gaviria la tomó frente a un país que, igualmente anestesiado por el dolor, lo respaldó de inmediato. Fue así como, sin apellidos, ni padres, ni abuelos, ni tíos poderosos, un parroquiano de Pereira ocupó ”ciertamente” la Presidencia de la República primero y luego la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos OEA.

Ahora, en medio de una situación para nada similar pero sí en un momento asaz enredado y preocupante para el país, Ubeimar hace una propuesta que desconoce esa mal disimulada tradición monárquica de girar siempre alrededor de determinadas familias. ¿Qué tal eso de enfrentar a un nieto de Lleras Restrepo, pariente igualmente de Lleras Camargo, y a una sobrina de López Michelsen, nieta además de López Pumarejo? Quienes se amparen en la lógica tradicional pensarán seguramente que aquí no hay nada qué hacer, que para triunfar se requieren los genes de un Lleras, un López, un Santos, un Samper, etc., etc.

Desde luego que, de manera distinta puede pensar quien se detenga en casos como el de César Gaviria y Belisario Betancur o, mirando un poco más atrás, el del modesto hijo de la lavandera paisa, Marco Fidel Suárez, quienes se constituyeron prácticamente en una excepción a la regla general.

Pero dejando de lado la probabilidad o no de que tenga éxito, el caso de Ubeimar implica, como ya lo dije al iniciar esta nota, una faceta de importancia incuestionable: es ni más ni menos que la concreción de algo realmente interesante corno es la figuración en la nómina de candidatos, impulsado casi que exclusivamente por su trayectoria personal, como culminación de una larga marcha realizada a pie, mientras sus competidores lo hacen en los cómodos vehículos de sus apellidos, con lo que ello significa en materia de maquinarias, respaldo institucional, palancas, dinero, etc., etc.

Personalmente he sido testigo presencial de la ya larga trayectoria política de Ubeimar. Lo conocí de ”pelado” acompañando a Rodrigo Lloreda y a otros jefes conservadores en cuanta correría hacían por todos los rincones del departamento, desempeñando prácticamente un papel de acólito o monaguillo con total disponibilidad para servir en lo que fuera necesario, dígase ocuparse de la logística de las correrías, llevar mensajes a los jefes locales, colaborar en la distribución de material publicitario, papeletas para las votaciones, banderas    camisetas y demás elementos propios de las campañas y, en fin, servirle al jefe como compañero de viaje y como auxiliar de confianza para cuanto necesitara.

Vino después el trabajo político más directo como coordinador de Zona Electoral en Cali, de donde ascendió a Jefe político de Registraduría Auxiliar, Presidente del Comando de Juventudes, Miembro del Directorio y mil responsabilidades más. También en el campo representativo y burocrático tuvo una amplia gama de experiencias, enfocadas todas hacia el auténtico servicio público. El concejo de Cali, el Senado de la República con todo y Vicepresidencia, y últimamente la Gobernación del Valle, fueron escenarios adecuados y suficientes para forjar un funcionario con muy amplias experiencias, vocación demostrada de servicio y destreza en el manejo del poder.